EL MECHERO BUNSEN
 
Un viaje al corazón del Western (Prólogo 1)
 
El protagonista del viaje, Max Bunsen, explica en el primer capítulo, de un total de 27, su afición al género cinematográfico del Western y su deseo de recobrar la afición a la fotografía
 
La verdadera felicidad estriba en el libre ejercicio de la mente (Aristóteles)

     Sabado 26 de enero. El martes que viene me voy de vacaciones a Estados Unidos. Haré la obligada visita a Nueva York, la Meca del Capitalismo, crisol de culturas, paradigma de la Modernidad. Tengo también la intención de recorrer Arizona y hacer algunas fotos al Monument Valley, uno de los paisajes míticos incrustados en mis neuronas gracias a los westerns de John Ford, a quien rindo así tributo. Y pretendo visitar Los Angeles y San Francisco.
     No he preparado apenas el viaje, pero tengo una cierta ilusión por recuperar la afición a la fotografía, y será ideal hacerlo en el corazón de América. Este viaje va a ser especial para mí por varios motivos. Siempre había desterrado la idea de ir a Estados Unidos porque algo en mi cerebro me advertía de que si atravesaba la América profunda me encontraría con la Parca, personificada en un tiparraco loco con una sierra mecánica, como en la película La matanza de Texas
     No creo ser un cobarde, pues he dado muestras de lo contrario en algunas ocasiones, y no ha faltado cierta aventura en mi existencia. 
Un viaje es siempre una
ventana al Conocimiento
     Pero no hace mucho desapareció ese miedo, sin saber tampoco porqué, y ahora esa dudosa premonición en nada afecta, como hombre de ciencia que soy, a mis planes de ir a Norteamérica por primera vez. Viajar es una manera de superar miedos, y sabemos ya que vivir atemorizado no es vivir.
     Será un viaje emotivo dada mi afición al Western. Deseo recorrer las calles donde ejerció de sheriff el legendario Wyatt Earp, y oler el aire que envolvió al sioux Siting Bull. No es infantil ser aficionado a lo que necios o ignorantes llaman películas de indios y vaqueros, pues este género cinematográfico expresa, con belleza y hondura, lo esencial del ser humano con la misma o mayor intensidad que cualquier obra maestra del cine. En mi caso, la mitología del Western se halla en la esencia de mi niñez, desde que en la escuela, en vez de escuchar al maestro, me dedicara a dibujar columnas de soldados del Séptimo de Caballería acechados por grupos de indios, y los hiciera guerrear entre las montañas.
     Este género de los géneros refleja, además, el nacimiento de una gran nación, a pesar de George Bush jr., y uno es persona curiosa, atraída por todo aquello que hace al hombre un ser paradójico. Todavía intento recordar qué pequeño animal, quizá una crisálida, vi a los trece años rodeado de mis amigos, y que nos mantuvo un minuto preguntándonos por su naturaleza. Pero ellos se fueron enseguida y me quedé solo observando con asombro lo que parecía un animal transformándose en otro. Entonces tuve un momento de lucidez, y como señala esta palabra, me envolvió más luz. Me sentí especial y así descubrí mi amor por el Saber, mi inquietud ante lo inexplicable.
     Voy a intentar escribir un diario durante todo el trayecto, pero lo más probable es que acabe abandonándolo, como tantas cosas que he ido dejando en el camino. He encontrado algo de información sobre Estados Unidos en artículos sobre viajes que voy archivando pacientemente desde mi juventud.
 Y he desempolvado una buena cámara de fotos, la Minolta 7000, que por pura desidia hace muchos años que no utilizo en mis escapadas. Es más cómodo comprar unas postales antes que llevar a un bello paraje o dentro de una iglesia un pesado y valioso artilugio al que no puedes perder de vista. Al fin y al cabo, a nuestro regreso enseñaremos a familia y amigos un montón de fotos insulsas de los típicos monumentos. Eso sí, las del tipo "yo estuve aquí" no pueden faltar, de lo contrario, es como si no se hubiera hecho ese viaje. Hay que certificarlo con imágenes irrefutables.      Pero no se disfruta plenamente si a cada momento hay que preocuparse por la dirección de la luz, o por el nativo que nos mira mal si pretendemos retratarlo. Es difícil unir acción y contemplación en el mismo instante y tenemos que elegir una sola opción. Entre vivir con intensidad el instante poético, la magia de una escena de belleza efímera, o ser un simple registrador de la belleza.